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¿Es lícito torturar por una buena causa?

Actualizado el 19 noviembre 2010 por Justa

Policía condenado por amenazas de torturas

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Comentarios enviados (4)

  1. Pablo Herrera dice:

    Sin duda, es un tema complejo y delicado el pronunciarse sobre la licitud de torturas en busca de buenas causas.

    Personalmente, y desde un inicio, me atreveré a decir que NO. No creo que esté justificado una tortura bajo ningún concepto en el siglo XXI. No obstante, nos encontramos, a mi parecer, en el casi borroso límite entre los poderes de las fuerzas y cuerpos de seguridad y la dignidad e integridad de las personas, es decir, es indudable que ningún detenido o presunto delincuente, asesino… va a proporcionar información relevante sobre un caso mientras la policía le prepara un buen café caliente o le masajea la espalda para aliviarle sus dolores musculares, pero no creo que un interrogatorio («violento» o tenso de por sí) deba desembocar en torturas hacia el individuo.

    En ningún caso creo que el fin justifique los medios pues qué estado de derecho puede presumir de serlo si para «conservarlo» usa este tipo de métodos.
    Considero que lo principal sería intentar conseguir esa «buena causa» por medios humanos (negociación, persuasión…incluso presión) pero sabiendo siempre que, en última instancia, el acusado será responsable de los desastres causados a raíz de sus acciones y que, por tanto, si no se consigue salvaguardar a otros posibles perjudicados, esto recaerá sobre él con toda contundencia.

    No creo que podamos exigir a nadie lo que nosotros no damos; por tanto, no podemos exigir civismo y actitudes pacíficas cuando se actúa desde la violencia y la tortura.

  2. Ana Belén Valverde dice:

    Desde luego, yo no estoy de acuerdo con la tortura, aunque sean buenas causas. Empezar a plantearse esas cuestiones en la época en la que estamos me parece un retroceso.
    Porque en mi opinión, aunque al principio empezara a aplicarse la tortura en muy pocos casos y por causas totalmente comprensibles, podría empezar a generalizarse esa práctica, podríamos «deshumanizarnos», en el sentido de acostumbrarnos a pensar en la tortura como algo justo.
    Y, además, está luego la cuestión de lo que se considera una buena causa y lo que no. Aceptar la tortura sería como dar una «carta blanca» a las Autoridades para utilizar la integridad de la persona para alcanzar fines más elevados.

    Aceptar la tortura significaría relegar la dignidad de la persona a un plano inferior, por debajo de otros bienes jurídicos.

  3. Raquel Melero Palma dice:

    Ciertamente, este es un tema bastante delicado y sensible de tratar en la sociedad en la que vivimos. Partimos de ese principio por excelencia que es el derecho constitucional a la dignidad que, en principio, no debería ser atacado en ninguna circunstancia. Sin embargo, me pregunto: ¿sería una «buena causa» el someter a tortura a un sujeto para conocer el paradero de una persona, que está corriendo peligro, el cual dicho sujeto no cede a desvelar?. Por ejemplo, pongámonos en el caso de la desaparición de los niños Ruth y José, ambos de muy corta edad;su padre tiene un vilo a una madre y una familia que está sufriendo desde hace bastante tiempo.

    En fin, no es que esté defendiendo el poder recurrir a este trato tan degradante como es la tortura pero, en ocasiones, están en juego bienes jurídicos de muy alto valor y resulta muy difícil ponderarlos.

    Claro está, que sería imprescindible delimitar cuáles son los límites y acotar perfectamente el concepto de «buena causa».

  4. María Gema Segura Pinto dice:

    Claus Roxin en una de sus conferencias se cuestiona si el Estado puede torturar en casos excepcionales para evitar un acto que ponga en peligro la vida de personas inocentes. Roxin en todo momento va en contra de la utilización de la tortura como medio para evitar un peligro grave. En el caso de la legítima defensa también resultaría inviable. Los agentes en función del cumplimiento de un deber o ejercicio legítimo de un cargo, no tienen el deber de torturar. Estos tienen un deber de actuar con decisión ante determinados peligros e incluso un deber de usar armas. Sin embargo, en estas previsiones no se deriva un deber de atentar contra la integridad física de las personas.

    Bajo mi punto de vista, considero que la tortura no debería justificarse en ningún supuesto ya que supone una violación seria a los derechos humanos y está estrictamente prohibida por las leyes internacionales. Existen límites legales derivados de los Convenios internacionales y de la propia Constitución, los cuales prohíben el uso de la tortura. También hay una serie de límites basados en la dignidad humana como barrera infranqueable a esta práctica. Asimismo, optar por la tortura comporta mayores riesgos y males de los que se tratan de evitar.
    La tortura representa además la violación más notoria del Estado de Derecho al contradecir sus principios más básicos: la sujeción a la ley y la transparencia del ejercicio del poder entre otros, ya que hemos de decir que la tortura se consuma en secreto en los cuarteles, en las cárceles o en las comisarías de policía dificultando la atención y el interés de la opinión pública.

    El Estado está obligado a proteger la vida de sus individuos, pero su actuación queda sometida a una serie de límites establecidos por el Estado de Derecho como es el de la dignidad de toda vida humana.

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